El verano nos encanta. Nos gusta el sol sobre la piel, los días largos, los baños en el mar, las tardes al aire libre y esa sensación de desconexión que nos regalan las vacaciones. Durante unas semanas cambiamos nuestros horarios, vivimos más despacio y dejamos espacio para disfrutar. Pero, mientras nosotros acumulamos recuerdos, nuestra piel también va acumulando las consecuencias de todos esos pequeños excesos que forman parte del verano.
Más horas de exposición al sol, baños continuos en el mar o en la piscina, calor, sudor, protector solar, cambios de rutina… Todo forma parte de esos meses que tanto disfrutamos, pero nuestra piel puede terminar la temporada más seca, áspera, apagada o con una textura diferente a la habitual.
Por eso, cuando llega el final del verano, me gusta pensar que no solo nosotros necesitamos volver a la rutina. Nuestra piel también necesita que volvamos a cuidarla con calma.
Y es aquí donde el hammam y la exfoliación corporal pueden convertirse en un maravilloso ritual de renovación.
El verano deja su huella en nuestra piel
Durante las vacaciones solemos prestar mucha atención a protegernos del sol, pero no siempre pensamos en lo que ocurre después. La piel ha estado expuesta durante semanas a factores que pueden alterar su sensación de suavidad y confort.
El agua del mar, por ejemplo, puede dejar una sensación de sequedad en algunas pieles. El cloro de las piscinas, el calor y la sudoración también pueden contribuir a que la piel se sienta diferente. Y aunque el protector solar es imprescindible cuando nos exponemos al sol, al finalizar el día necesitamos limpiar correctamente la piel y mantenerla hidratada.
Después de varias semanas, es normal notar que algunas zonas están más secas o ásperas, que la piel ha perdido parte de su luminosidad o que presenta una textura menos uniforme.
No significa que tengamos que preocuparnos. Simplemente es una señal para volver a escucharla.
Volver a cuidar nuestra piel después de las vacaciones
Para mí, el final del verano tiene algo especial. Es ese momento en el que empezamos a recuperar nuestros horarios, volvemos al trabajo y poco a poco retomamos nuestras rutinas.
También es un buen momento para recuperar nuestros rituales de cuidado.
Y no hace falta complicarlo demasiado. A veces, lo que necesitamos es volver a lo esencial: limpiar, exfoliar, hidratar y, sobre todo, dedicarle tiempo a nuestro cuerpo.
El hammam empieza con una pausa
-El calor del hammam: preparar la piel para la exfoliación
El hammam reúne precisamente varios de estos momentos en una experiencia que permite cuidar la piel mientras desconectamos del exterior.
Una de las características más especiales es su ambiente cálido y húmedo. Cuando entramos, el calor comienza poco a poco a envolvernos y nuestro cuerpo empieza a relajarse.
La humedad ayuda a preparar la piel para la exfoliación posterior, mientras nosotros entramos en ese estado de calma tan característico del ritual.
Es difícil explicar lo agradable que resulta sentir cómo el cuerpo va dejando atrás la tensión mientras permanecemos unos minutos en el calor. Quizá porque llevamos demasiado tiempo viviendo deprisa y, cuando finalmente nos detenemos, nos damos cuenta de cuánto necesitábamos hacerlo.
-La exfoliación: desprendernos de las células muertas
Después llega uno de los momentos más importantes del ritual: la exfoliación.
El objetivo es retirar las células muertas acumuladas en la superficie de la piel, algo especialmente agradable después de los meses de verano. La piel queda más suave, lisa y preparada para continuar con los cuidados posteriores.
Me gusta mucho este momento porque tiene una parte física y otra simbólica.
Mientras se va retirando aquello que la piel ya no necesita, podemos imaginar que también dejamos atrás un poco del cansancio acumulado durante los últimos meses.
El verano se queda atrás y comienza una nueva etapa.
-Una piel más suave y luminosa
Uno de los beneficios que más se perciben después de una exfoliación corporal es la suavidad.
Al retirar las células muertas de la superficie, la piel puede sentirse más lisa y presentar un aspecto más uniforme y luminoso. Es especialmente agradable en zonas como brazos, piernas, codos o rodillas, donde podemos notar más fácilmente la sequedad y la rugosidad.
Después del verano, cuando la piel puede encontrarse algo apagada, este gesto de renovación devuelve una sensación de frescura que se nota desde el primer contacto.
Es esa sensación de pasar la mano por la piel y descubrirla suave otra vez.
-Preparar la piel para hidratarla
La exfoliación es solo una parte del ritual. Después de eliminar las células muertas, llega el momento de cuidar e hidratar.
Una piel exfoliada presenta una superficie más uniforme, por lo que los productos hidratantes pueden aplicarse de manera más cómoda y uniforme. Por eso, después de un hammam, es importante continuar cuidando la piel y aportarle la hidratación que necesita.
Si durante el verano hemos pasado muchas horas al sol y nuestra piel se siente seca, recuperar una rutina de hidratación será especialmente importante.
El objetivo no es hacer mucho, sino hacerlo bien y con constancia.
¿La exfoliación elimina el bronceado?
Esta es una de las preguntas que más escuchamos después del verano: «¿Si me hago una exfoliación voy a perder el bronceado?»
La exfoliación actúa principalmente sobre las células muertas de la superficie de la piel. El bronceado, en cambio, está relacionado con la producción de melanina como respuesta a la exposición solar.
Por eso, una exfoliación corporal adecuada no tiene como objetivo «borrar» el bronceado. Lo que puede hacer es ayudar a eliminar la acumulación de células superficiales y favorecer una apariencia más uniforme de la piel.
De hecho, cuando el bronceado empieza a desaparecer, una piel bien exfoliada e hidratada puede verse más luminosa y uniforme.
Eso sí, después de una exposición solar intensa debemos tener especial cuidado. Si la piel está quemada, irritada o especialmente sensible, es mejor esperar a que se haya recuperado antes de realizar una exfoliación.
El hammam también es una pausa para el cuerpo
Aunque estamos hablando de la piel, sería imposible para mí hablar del hammam sin hablar también de cómo nos hace sentir.
Porque cuando nos cuidamos por fuera, algo también cambia por dentro.
El calor, la tranquilidad, los aromas, la música y el tiempo que dedicamos al ritual crean un espacio en el que podemos olvidarnos durante unas horas de todo aquello que normalmente ocupa nuestra cabeza.
Después de las vacaciones, cuando toca volver a los horarios y a las obligaciones, regalarse este momento puede ser una manera preciosa de hacer la transición.
No tenemos que esperar a estar agotados para cuidarnos.
El masaje, si quieres completar tu ritual
Después del hammam y la exfoliación, un masaje puede completar la experiencia y ayudar a prolongar esa sensación de relajación.
El cuerpo ya está preparado después del calor y la exfoliación, y el masaje permite dedicar atención a las zonas donde acumulamos tensión.
Es especialmente agradable en esta época del año, cuando volvemos a pasar más horas sentados, recuperamos los horarios de trabajo y nuestro cuerpo vuelve a adaptarse al ritmo cotidiano.
El masaje se convierte así en el último paso de ese pequeño viaje de regreso a nosotros mismos.
Y después… un té y unos minutos sin prisas
Hay un momento del ritual que para mí tiene un significado especial: cuando todo termina y llega la hora del té.
Después del calor, la exfoliación y, si lo hemos elegido, el masaje, sentarse tranquilamente a tomar un té acompañado de un dulce árabe nos permite volver poco a poco al mundo exterior.
No hay necesidad de levantarse inmediatamente y continuar corriendo.
Podemos quedarnos unos minutos.
Respirar.
Sentir cómo está nuestro cuerpo.
Y disfrutar de esa sensación de haber hecho algo por nosotros.
Septiembre: el momento perfecto para renovarse
Cada cambio de estación trae consigo una pequeña oportunidad para empezar de nuevo. Septiembre tiene, además, ese carácter especial de regreso: volvemos de las vacaciones, reorganizamos nuestras rutinas y recuperamos poco a poco nuestros hábitos.
¿Por qué no hacer lo mismo con nuestra piel?
Después del verano podemos comenzar una nueva etapa de cuidado corporal. Una exfoliación periódica, una buena hidratación y una rutina adaptada a nuestras necesidades pueden ayudarnos a mantener la piel suave y cuidada durante todo el año.
El hammam puede ser ese primer paso.
Un momento para limpiar, renovar y volver a prestar atención a nuestro cuerpo.
Porque la piel también necesita que la escuchemos
A veces pensamos que cuidar nuestra piel significa únicamente utilizar buenos productos. Y, por supuesto, la hidratación y la protección solar son fundamentales. Pero también existe otra forma de cuidado que tiene que ver con el tiempo que nos dedicamos.
Escuchar nuestra piel.
Observar cómo se siente.
Notar cuándo necesita más hidratación, cuándo está más sensible o cuándo simplemente nos pide un poco de atención.
Después de un verano intenso, quizá sea exactamente eso lo que necesita.
No más productos.
No más exigencias.
Simplemente, un poco de cuidado.
Una pequeña renovación después del verano
En Spa Hammam Farasha nos gusta pensar que cada ritual tiene algo de transformación. Nuestra mariposa, Farasha, representa precisamente eso: el proceso de dejar atrás una etapa para comenzar otra con una sensación diferente.
Después del verano, la exfoliación nos ayuda a desprendernos de las células muertas y a recuperar la suavidad de la piel. El hammam nos permite preparar el cuerpo en un ambiente cálido y relajante. Y el cuidado posterior nos ayuda a mantener esa sensación de piel renovada.
Pero, sobre todo, el ritual nos recuerda algo que a menudo olvidamos: también necesitamos parar.
Por eso, cuando termine el verano, antes de volver completamente a la rutina, regálate unas horas.
Deja que el vapor te envuelva y deja que tu piel vuelva a sentirse suave, limpia y luminosa.
Y cuando termine el ritual, siéntate, toma tu té y respira.
Quizá descubras que no solo tu piel necesitaba recuperarse de los excesos del verano.
Quizá tú también.
Spa Hammam Farasha. Un lugar para detenerte, renovarte y volver a ti.
NOTA INFORMATIVA
«Los contenidos incluidos en esta sección ofrecen información con un objetivo divulgativo. SPA HAMMAM FARASHA no pretende en ningún caso posicionarse sobre su idoneidad ni promover expresamente su uso.»




